Crece el trabajo en aplicaciones, pero bajan los ingresos y persiste la falta de regulación

El trabajo a través de plataformas digitales continúa expandiéndose en la Argentina como una alternativa frente a la pérdida de empleo formal. Sin embargo, quienes se desempeñan como repartidores o conductores aseguran que las ganancias son cada vez menores, las jornadas laborales se extienden y las condiciones de trabajo siguen sin contar con un marco regulatorio específico.

Aunque no existen cifras oficiales, distintas estimaciones indican que cerca de un millón de personas obtiene la totalidad o parte de sus ingresos mediante aplicaciones de reparto y transporte, como Rappi, PedidosYa, Uber, Cabify y DiDi. El crecimiento del sector se aceleró en los últimos años, impulsado por la caída del empleo registrado y el deterioro del poder adquisitivo.

Trabajadores consultados coinciden en que la actividad se volvió más competitiva debido al aumento de personas que recurren a estas plataformas como fuente de ingresos. Al mismo tiempo, sostienen que la demanda de pedidos disminuyó, lo que obliga a permanecer más horas conectados para alcanzar un ingreso similar al de meses anteriores.

Según relatan repartidores y conductores, actualmente es necesario trabajar entre 12 y 14 horas diarias para aspirar a ingresos cercanos a los dos millones de pesos mensuales, mientras que quienes cumplen jornadas de ocho horas obtienen, en promedio, entre un millón y 1,2 millones de pesos. Muchos afirman que esta actividad representa su único sustento económico.

Un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba reveló que seis de cada diez trabajadores de plataformas tienen en esta actividad su principal fuente de ingresos. Además, el informe señala que una gran parte de los encuestados percibe ingresos inferiores a la mitad de una Canasta Básica Total, incluso entre quienes trabajan más de 40 horas semanales.

Los especialistas advierten que, además de los bajos ingresos, persisten condiciones de elevada precariedad laboral. Los trabajadores no mantienen una relación directa con un empleador y toda la interacción con la empresa se realiza a través de la aplicación, sin garantías propias de un empleo formal como cobertura por accidentes, aportes jubilatorios, licencias o vacaciones.

La regulación de esta modalidad laboral continúa siendo uno de los principales desafíos. En los últimos años se presentaron distintos proyectos para establecer un marco legal para el trabajo en plataformas, aunque ninguno logró convertirse en ley. Algunas iniciativas toman como referencia experiencias internacionales, como la denominada «Ley Rider» de España, que reconoce determinados derechos laborales para repartidores.

Investigadores especializados en el mercado laboral sostienen que la falta de regulación no solo afecta las condiciones de quienes trabajan en estas aplicaciones, sino que también representa un desafío para el sistema previsional y de seguridad social, ya que gran parte de estos trabajadores no realiza aportes jubilatorios ni cuenta con cobertura por riesgos laborales.

Mientras el debate legislativo continúa sin avances concretos, miles de personas siguen encontrando en las plataformas digitales una salida laboral frente a la falta de otras oportunidades, aunque bajo un esquema marcado por la incertidumbre, la ausencia de protección laboral y la necesidad de extender cada vez más las jornadas para sostener sus ingresos.

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