El subte porteño ya no sabe si llevar pasajeros o venderles publicidad.

La gestión de Jorge Macri encontró una nueva forma de hacer caja: convertir las estaciones en enormes vidrieras para las marcas. Ya no alcanza con los carteles, las pantallas y los anuncios. Ahora también se puede poner una marca en el nombre de la estación.

La postal es bastante insólita. Una estación del subte fue tomada por la campaña de Plusbelle Esencia, con ploteos, publicidad y hasta anuncios por los parlantes. Todo bien prolijito, como para que al pasajero no le quede ninguna duda de quién pagó por el espacio.

El asunto tiene un nombre bastante elegante: naming rights. En criollo, una empresa paga para asociar su marca al nombre de un lugar. Y así, de a poco, el subte público empieza a parecerse a un shopping.

La pregunta es bastante simple: ¿qué viene después?

Porque si se puede vender el nombre de una estación, también se puede imaginar cualquier cosa. Hoy es una marca de shampoo. Mañana puede ser un banco, una gaseosa, una compañía de seguros o vaya a saber qué. Total, si hay alguien dispuesto a pagar, parece que todo tiene precio.

Y mientras tanto, los pasajeros siguen haciendo lo de siempre: viajar como pueden, soportar demoras, formaciones llenas y pagar cada vez más caro por el boleto.

Ahí está la parte más picante de todo esto. Para el usuario, el subte sigue siendo un servicio público. Para la gestión porteña, cada vez tiene más pinta de ser un espacio comercial que hay que exprimir hasta el último centímetro.

Primero te cobran el pasaje. Después te llenan de publicidad. Y ahora, si la tendencia sigue, hasta el nombre de la estación puede venir con sponsor incluido.

El subte no es una góndola de supermercado. Las estaciones no son carteles publicitarios gigantes. Y la Ciudad no debería tratar el patrimonio y los servicios públicos como si fueran una vidriera para hacer negocios.

Porque una cosa es buscar recursos para mejorar el transporte y otra muy distinta es convertir cada rincón de la Ciudad en una oportunidad para ponerle una marca.

Mientras Jorge Macri busca nuevos lugares donde vender publicidad, hay una cuestión bastante más urgente: que el subte funcione.

Aunque claro, eso quizás no tenga un logo tan lindo para mostrar.

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