700 familias en la calle y un pueblo en vilo: el derrumbe de Granja Tres Arroyo.
En Capitán Sarmiento ya no se habla de otra cosa. La crisis de Granja Tres Arroyos cayó como una bomba sobre un pueblo de unos 15 mil habitantes y dejó a más de 700 trabajadores directamente afuera de la fábrica. Detrás del número hay familias que no saben cómo van a pagar el alquiler, las cuentas, el supermercado o simplemente cómo llegar a fin de mes.
La planta era mucho más que una fábrica. Era uno de los motores económicos de la localidad. Más de mil personas llegaron a trabajar ahí y, para un pueblo chico, semejante cantidad de puestos de trabajo significa prácticamente todo. Cuando esos empleos desaparecen, no se cae solamente el ingreso de los trabajadores: se frena el almacén, el kiosco, el remis, el alquiler, el comercio y toda la economía alrededor.
La situación venía complicada desde hacía meses. Los trabajadores denunciaban que la empresa les debía salarios, aguinaldo y vacaciones. Hasta que llegó el golpe definitivo: cientos de empleados recibieron los telegramas de despido.
Muchos llevaban más de 20 años en la empresa. Gente que pasó media vida entrando por la misma puerta y que ahora se encuentra, de un día para el otro, sin trabajo y con la cobertura de salud en riesgo. Y con una pregunta bastante más urgente que cualquier discusión financiera: ¿cómo hacen para vivir?
El drama ya empezó a verse en las calles. Hay familias que llegaron a Capitán Sarmiento justamente porque tenían trabajo en la planta y ahora están pensando en irse. Hay chicos que podrían tener que cambiar de escuela y abandonar el barrio donde crecieron. Y hay situaciones directamente desesperantes: uno de los trabajadores despedidos habría sido desalojado y terminó durmiendo varias noches dentro de un Renault 12 frente a la fábrica.
Mientras tanto, la empresa anunció la suspensión de las operaciones argumentando problemas con el suministro eléctrico y una situación de fuerza mayor. La planta quedó prácticamente paralizada y alrededor de 300 trabajadores que todavía conservan su puesto tampoco saben cuánto tiempo más van a seguir adentro.
El problema, además, no termina en Capitán Sarmiento. Granja Tres Arroyos y empresas vinculadas al grupo vienen acumulando despidos, suspensiones y cierres en distintas plantas. En total, los recortes alcanzarían a unas 1.730 personas entre Buenos Aires y Entre Ríos.
En Esteban Echeverría también hubo despidos masivos, mientras que en Pilar y otras localidades la situación viene siguiendo el mismo camino. En algunos casos hubo bloqueos y protestas de trabajadores que directamente se quedaron sin respuestas.
Y mientras todo esto pasa, aparece el fantasma del concurso de acreedores. La empresa estaría preparando una presentación judicial para reordenar sus deudas y tratar de sobrevivir. La discusión es qué va a pasar después: achicar la planta, reducir personal, reestructurar las deudas y volver a producir con menos trabajadores. O, según otras versiones, preparar el terreno para una eventual venta.
Para los trabajadores, la diferencia entre una opción y otra no cambia demasiado el panorama. El problema es que mientras las empresas hablan de números, concursos y reestructuraciones, del otro lado hay familias que necesitan cobrar el sueldo para comprar comida.
La Provincia dictó la conciliación obligatoria y ordenó retrotraer la situación de los trabajadores despedidos. La medida busca frenar el desastre y sentar a las partes a negociar. Pero el conflicto ya dejó una marca profunda y la incertidumbre sigue instalada.
La respuesta de los propios trabajadores y de la comunidad fue mucho más concreta que cualquier comunicado empresarial. El sindicato de la alimentación viene repartiendo alimentos desde hace semanas y comenzaron las ollas populares. También hubo particulares que pusieron espacios a disposición para que las familias puedan comer sin tener que explicar por qué no tienen plata.
En un pueblo donde antes había salarios entrando todos los meses, ahora hay familias organizándose para conseguir un plato de comida.Hasta los cumpleaños de los chicos se están suspendiendo porque las familias ya no pueden afrontar los gastos.
Mientras tanto, la discusión política sigue girando alrededor de los grandes números, el déficit, la macroeconomía y las famosas señales que supuestamente necesita el mercado….Pero en Capitán Sarmiento la economía tiene otra cara.
Es la del trabajador que recibe un telegrama después de dos décadas de laburo. La de la familia que no sabe si puede pagar el alquiler. La del comerciante que empieza a vender menos. La del pibe que quizás tenga que cambiar de escuela. La del trabajador que termina durmiendo en un auto.
Y cuando una fábrica que empleaba a más de mil personas se cae, no alcanza con decir que «el mercado se está acomodando».Porque para los que quedaron afuera, el mercado no se acomoda, los deja en la calle.
