Juventud y desigualdad: la mitad de los jóvenes argentinos vive en situación de vulnerabilidad
Un estudio de la Universidad de Buenos Aires encendió una nueva alerta sobre las condiciones de vida de los jóvenes en Argentina. Según el relevamiento, cerca de la mitad de las personas de entre 18 y 29 años atraviesa algún tipo de vulnerabilidad social, una situación que no se explica solamente por los ingresos, sino también por el acceso a la educación, el empleo y las expectativas de futuro.
La investigación, realizada por Juan Cruz Esquivel y Felipe Vega Terra, estima que son más de 4,1 millones los jóvenes que se encuentran en esta situación. Para llegar a ese resultado se realizó una encuesta presencial a 1.002 personas de entre 18 y 29 años, entre diciembre de 2025 y enero de 2026, en los principales aglomerados urbanos del país.
El trabajo busca mirar la vulnerabilidad desde una perspectiva más amplia que la pobreza medida exclusivamente por ingresos. Para eso se tuvieron en cuenta las condiciones materiales de los hogares, el nivel educativo, la situación laboral y las expectativas que tienen los jóvenes respecto de su futuro.
Uno de los datos que más preocupa es la cantidad de jóvenes que quedaron prácticamente desconectados del mercado laboral. El informe retoma el concepto de los “Ni-Ni”, pero plantea una situación todavía más compleja: el grupo denominado “Triple Ni”, integrado por quienes no estudian, no trabajan y además dejaron de buscar empleo.
Entre los jóvenes vulnerables que no tienen trabajo ni estudian, un 33% dejó de buscar empleo. Los investigadores describen esta situación como una forma de “inactividad absoluta” y advierten que puede estar relacionada con el desánimo y la pérdida de expectativas sobre las posibilidades de conseguir un trabajo.
En total, un 30,6% de los jóvenes relevados se encuentra inactivo o desempleado. Sin embargo, solamente cuatro de cada diez de ellos realizaron una búsqueda reciente de trabajo.
Tener trabajo tampoco garantiza llegar a fin de mes
Otro de los principales problemas que aparece en el estudio es la precariedad laboral. El hecho de tener una ocupación no significa necesariamente que un joven haya logrado salir de una situación de vulnerabilidad.
El 56,9% de los jóvenes consultados aseguró que los ingresos de su hogar no alcanzan para llegar a fin de mes. La situación es todavía más complicada entre las mujeres: el 62,3% manifestó tener ingresos insuficientes, frente al 53% de los varones.
Entre quienes trabajan, solamente el 15% tiene un empleo registrado. En cambio, el 76,1% se encuentra en trabajos no registrados o en actividades por cuenta propia consideradas precarias, como changas, ventas ambulantes o ventas por internet.
Los principales sectores en los que se desempeñan son el comercio, con el 28,5%; la construcción, con el 19,8%; y las tareas de limpieza y cuidado, con el 11,2%.
La situación empeora todavía más entre quienes fueron clasificados dentro del nivel de vulnerabilidad social alta. En ese grupo, apenas el 0,5% cuenta con un empleo registrado y el 70,2% afirma que el dinero del hogar no alcanza para llegar a fin de mes.
La educación sigue apareciendo como una salida
A pesar del panorama, el estudio también encontró una expectativa que se mantiene entre los jóvenes: la educación continúa siendo vista como una de las principales herramientas para mejorar las condiciones de vida.
El 85,7% de los jóvenes vulnerables considera que estudiar puede ayudarlo a mejorar su futuro. Sin embargo, tres de cada cuatro tuvieron que interrumpir en algún momento su formación educativa.
La falta de dinero aparece como el principal obstáculo para progresar, mencionada por el 40,7% de los encuestados. En segundo lugar aparece la falta de oportunidades, con el 30,5%.
En este contexto, conseguir un trabajo o mejorar el que ya tienen aparece como la principal meta para el 31,9% de los jóvenes consultados. Otro 15,2% plantea como objetivo para los próximos cinco años terminar sus estudios.
El nivel educativo también tiene un impacto directo sobre la situación laboral. Entre quienes no terminaron el secundario, la informalidad alcanza al 51%, mientras que entre quienes cuentan con estudios superiores el porcentaje baja al 35%.
El malestar emocional también forma parte del problema
La investigación también puso el foco en el estado emocional de los jóvenes. Siete de cada diez encuestados dijeron experimentar nervios o ansiedad, mientras que dos de cada diez aseguraron sentirlos todos los días.
Además, más de la mitad manifestó haber atravesado síntomas vinculados con tristeza, desgano o depresión.
El informe también consultó sobre distintos consumos. El celular aparece como el comportamiento más señalado: el 38,1% reconoció utilizarlo demasiado todos los días. También hubo jóvenes que manifestaron dificultades para controlar el consumo cotidiano de alcohol, cigarrillos u otras sustancias, mientras que un 2,1% señaló problemas para controlar las apuestas online.
Para los investigadores, los datos muestran que la vulnerabilidad juvenil no puede reducirse únicamente a cuánto dinero gana una familia. La falta de empleo formal, las dificultades para sostener los estudios, las condiciones habitacionales y la pérdida de expectativas forman parte de un mismo problema.
La distribución territorial también muestra diferencias. Del total de jóvenes vulnerables relevados, el 27% vive en el Área Metropolitana de Buenos Aires, mientras que el 72% reside en otras zonas del país.
El estudio plantea así una radiografía de una generación que, pese a seguir considerando a la educación y al trabajo como caminos para progresar, encuentra cada vez más obstáculos para acceder a ellos. La combinación entre precariedad laboral, dificultades económicas, interrupción de los estudios y malestar emocional convierte a la vulnerabilidad juvenil en un problema estructural y no en una situación aislada.
