Cada vez más argentinos reemplazan el almuerzo por un alfajor: el consumo refleja el impacto de la crisis
El deterioro del poder adquisitivo sigue modificando los hábitos de consumo de los argentinos. Lo que durante años fue una simple golosina o una merienda ocasional hoy, para muchas personas, pasó a ocupar el lugar del almuerzo. Cada vez son más los trabajadores y estudiantes que eligen un alfajor porque representa una de las opciones más económicas para atravesar la jornada.
La situación quedó reflejada en distintos relevamientos sobre alimentación y consumo, que muestran un escenario preocupante. Más de seis de cada diez trabajadores admiten que, por cuestiones económicas, saltean alguna comida, mientras que casi ocho de cada diez reconocen haber reemplazado alimentos nutritivos por alternativas más baratas.
En ese contexto, los alfajores económicos se consolidaron como una de las opciones más elegidas. Las promociones de dos o tres unidades por valores bajos resultan mucho más accesibles que comprar un menú o un sándwich, por lo que terminan funcionando como una solución rápida para calmar el hambre, aunque no aporten el valor nutricional de una comida completa.
El cambio también quedó reflejado en las góndolas y en los kioscos. Mientras crece la demanda de productos económicos, otros artículos tradicionales pierden protagonismo. Chocolates, bombones, golosinas más costosas y bebidas de mayor precio dejaron de estar entre las compras habituales, desplazados por opciones que permitan gastar lo menos posible.
Al mismo tiempo, el mercado del alfajor continúa expandiéndose. En Argentina ya existen más de un centenar de marcas y durante este año se lanzaron nuevas variedades para competir en un segmento que, pese a la caída general del consumo, mantiene un importante nivel de ventas. Sin embargo, detrás de ese crecimiento aparece una realidad menos alentadora: el aumento de las ventas no responde únicamente a una preferencia de los consumidores, sino también a la necesidad de encontrar una alternativa accesible frente al costo de un almuerzo.
Especialistas advierten que esta transformación en los hábitos alimentarios es una consecuencia directa de la pérdida de poder adquisitivo. La reducción de comidas y el reemplazo por productos de bajo costo reflejan un escenario en el que muchas familias deben priorizar llegar a fin de mes antes que mantener una alimentación equilibrada.
Así, un producto históricamente asociado al gusto y al consumo ocasional terminó convirtiéndose, para miles de argentinos, en una forma de afrontar la jornada laboral o de estudio cuando el bolsillo ya no alcanza para mucho más.
