OCTUBRE EN LLAMAS:Aumentan costos y servicios públicos y el bolsillo sigue cayendo en picada.

Octubre llega con la misma receta de siempre: abrir la billetera y encontrarse con que todo cuesta un poco más. Mientras el Gobierno de Javier Milei insiste con la desaceleración de la inflación y presenta la estabilidad de los números como una de las grandes conquistas de su gestión, para millones de argentinos la realidad tiene una traducción bastante menos elegante: alquiler, colectivo, subte, peajes, prepaga, agua, combustible y servicios que vuelven a subir.

El décimo mes del año arranca con una nueva tanda de aumentos que se mete directamente en los gastos fijos de las familias. No hace falta hacer demasiadas cuentas para darse cuenta del problema: aunque cada incremento por separado pueda parecer moderado, cuando se acumulan sobre el mismo presupuesto el resultado es otro. El sueldo es uno solo, pero las facturas parecen multiplicarse.

El transporte público vuelve a aumentar desde este jueves. En la Ciudad, los colectivos y el subte tendrán una suba del 3,7%. El boleto mínimo de colectivo pasará a $920,48 y el viaje en subte llegará a $1.817. En las líneas bonaerenses el incremento también rondará el 4%. Y los peajes porteños seguirán el mismo camino, con otra actualización del 3,7%.

Para quienes alquilan, la cuenta puede ser todavía más pesada. Los contratos que todavía permanecen bajo el viejo esquema de la Ley de Alquileres tendrán una actualización del 36,41% durante octubre. Para quienes tienen contratos con otros mecanismos de ajuste, las subas dependen de la modalidad pactada, pero el denominador común es bastante sencillo: vivir cuesta cada vez más.

La medicina privada tampoco se queda afuera. Las principales empresas de medicina prepaga ya comunicaron nuevos aumentos para octubre, con incrementos que en algunos casos llegan hasta el 4,9%. Es decir, otra vez hay que elegir qué gasto se recorta para poder seguir pagando aquello que antes formaba parte de un presupuesto más o menos previsible.

Y todavía falta parte de la película. Las tarifas de electricidad y gas esperan las definiciones oficiales para octubre, mientras el agua también tendrá un nuevo ajuste. En el AMBA, AySA aplicará una actualización cercana al 2,17%, según el mecanismo tarifario vigente.

A eso se suma el combustible. Las principales petroleras privadas ya aumentaron sus precios en los últimos días de septiembre, con subas de hasta el 5%, mientras YPF aplicó un incremento promedio del 1%. Y octubre todavía puede traer nuevas modificaciones vinculadas con los impuestos a los combustibles y el precio internacional de la energía.

La postal es bastante más incómoda que cualquier discurso de PowerPoint. El Gobierno puede mostrar una inflación mensual más baja que la de otros momentos, pero eso no significa que los precios hayan vuelto atrás. Una cosa es que aumenten más despacio y otra muy distinta es que dejen de aumentar. El problema es que las familias no pagan la inflación en un gráfico: la pagan cuando cargan combustible, cuando suben al colectivo, cuando llega la factura, cuando renuevan el alquiler o cuando reciben el resumen de la prepaga.

La famosa “estabilidad” empieza a tener una trampa bastante evidente: los precios pueden subir menos rápido, pero siguen corriendo mientras los ingresos tienen que tratar de alcanzarlos. Y cuando cada comienzo de mes aparece con una nueva lista de aumentos, la discusión deja de ser solamente cuánto bajó la inflación y pasa a ser cuánto queda realmente en el bolsillo después de pagar todo.

Octubre vuelve a poner esa contradicción arriba de la mesa. Hay desaceleración de la inflación, sí. Pero también hay tarifas que se actualizan, servicios que aumentan, alquileres que pegan saltos y combustibles que vuelven a mover la estructura de costos. Para el Gobierno puede ser una señal de normalización. Para el que llega a fin de mes haciendo malabares, es simplemente otro mes en el que la plata alcanza para un poco menos.

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