La Ciudad ahora quiere poner una cafetería dentro del Cementerio de la Recoleta: cuánto cuesta la concesión y qué incluye el negocio.

Cuando parecía que en Buenos Aires ya se había discutido casi todo sobre concesiones y negocios privados en espacios públicos, el Gobierno porteño sumó una propuesta bastante difícil de pasar por alto: licitó una bóveda del Cementerio de la Recoleta para instalar allí un espacio gastronómico, una tienda de recuerdos y ofrecer recorridos turísticos nocturnos.

La licitación fue publicada oficialmente por la Ciudad y contempla la concesión por cinco años de una bóveda de unos 24,5 metros cuadrados ubicada dentro del histórico cementerio de Junín 1760. Según los pliegos, el lugar se encuentra actualmente en desuso y podrá ser explotado comercialmente para la venta de alimentos y bebidas, además de funcionar como gift shop y formar parte de una propuesta de turismo nocturno.

La idea puede presentarse como una manera de sumar servicios para los miles de turistas que recorren la Recoleta. Pero también abre una discusión bastante más incómoda: ¿hasta dónde puede avanzar una administración con la explotación comercial de espacios que forman parte del patrimonio histórico de la ciudad?

Porque no se trata de cualquier inmueble. El Cementerio de la Recoleta es uno de los lugares más reconocibles de Buenos Aires y concentra algunas de las tumbas más importantes de la historia argentina. En las inmediaciones de la bóveda que se pretende concesionar se encuentran los sepulcros de figuras como Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre, Ramón Castillo y Juan Martín de Pueyrredón, entre otras personalidades.

PLANO DE LA BÓVEDA A CONCECIONAR.

El Gobierno porteño sostiene que el espacio está deshabitado y que su utilización comercial no modifica el destino general del cementerio. Sin embargo, la propuesta genera inevitablemente una pregunta sobre los límites de la explotación privada del patrimonio público. Una cosa es mejorar la experiencia de los visitantes y otra es convertir cada rincón disponible de la ciudad en una oportunidad de negocio.

El canon establecido como base para la concesión será de $1,6 millones mensuales, mientras que las empresas interesadas deberán ofrecer además un porcentaje sobre los ingresos brutos generados por los recorridos turísticos nocturnos. Ese porcentaje no podrá ser inferior al 20%.

La ciudad se vende para ser trend.

La apertura de las ofertas está prevista para el 9 de septiembre y la concesión tendrá una duración de cinco años. Es decir que, si el proceso avanza como está previsto, una empresa privada podrá explotar comercialmente ese espacio durante un período considerable dentro de uno de los sitios patrimoniales más importantes de Buenos Aires.

La propuesta también se inscribe en una discusión más amplia que Buenos Aires arrastra desde hace años sobre el uso comercial de los espacios públicos. El oficialismo porteño sostiene que muchas de estas concesiones permiten recuperar lugares que están desaprovechados, generar actividad económica y ofrecer nuevos servicios. Sus críticos, en cambio, advierten que detrás de esa lógica existe una tendencia a convertir cada vez más espacios de la ciudad en negocios administrados por privados.

Si una bóveda de 24 metros cuadrados puede transformarse en una cafetería, una tienda y parte de un circuito turístico, ¿cuál es el límite? ¿Qué espacios quedan fuera de la lógica de la concesión? ¿Y cuánto patrimonio público está dispuesto a entregar la Ciudad para generar nuevos negocios privados?

No necesariamente hay algo ilegal en la licitación. De hecho, la convocatoria establece condiciones, canon, plazo y restricciones para el futuro concesionario. El problema es político y patrimonial: qué modelo de ciudad se está construyendo y qué lugar ocupa lo público en ese modelo.

Porque el Cementerio de la Recoleta no es simplemente un inmueble vacío con metros cuadrados disponibles. Es un lugar histórico, cultural y turístico que tiene un valor que difícilmente pueda medirse solamente por el precio de una concesión.

La Ciudad tiene derecho a buscar nuevas formas de financiar y mantener sus espacios. Pero también tiene la obligación de explicar por qué cada decisión de este tipo es necesaria, cuánto beneficia realmente a los porteños y qué controles tendrá el privado que resulte adjudicatario.

Mientras tanto, la imagen resulta cuanto menos llamativa: entre mausoleos, tumbas históricas y décadas de historia argentina, la Ciudad busca instalar un negocio gastronómico.

Puede ser una buena idea para algunos. Para otros, es otra muestra de una Buenos Aires donde cada vez queda menos espacio que no pueda convertirse en negocio.

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