MASSA MUEVE FICHAS EN EL PERONISMO.

Sergio Massa volvió a mover fichas dentro del peronismo y, esta vez, lo hizo desde un lugar que conoce bien: la rosca política. Mientras el Gobierno de Javier Milei intentaba sostener en el Senado su proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, el exministro de Economía se metió de lleno en las negociaciones para frenar los capítulos más resistidos.

El resultado fue un golpe para la Casa Rosada. El oficialismo tuvo que retirar del proyecto las modificaciones a la Ley de Tierras y el capítulo sobre manejo del fuego. Dos de los puntos que más defendía el Gobierno quedaron afuera antes de la votación.Massa mantuvo conversaciones con senadores y gobernadores durante las horas previas a la sesión. Entre ellos estuvieron Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo, Hugo Passalacqua y Rolando Figueroa, dirigentes que podían resultar decisivos para inclinar la balanza.

La discusión por la extranjerización de tierras terminó funcionando como un punto de encuentro para sectores del peronismo que venían mostrando diferencias. También obligó a algunos gobernadores que mantienen diálogo con Milei a tomar distancia de la propuesta oficial.

Desde el entorno de Massa interpretan que la caída de esos capítulos demuestra que el Gobierno no tiene el control absoluto del Congreso y que, cuando la oposición logra coordinarse, puede ponerle límites.

Pero Massa no estaría pensando solamente en la pelea legislativa. Su objetivo más grande parece estar puesto en 2027 y en la posibilidad de construir una alternativa electoral capaz de enfrentar a Milei.

Para eso, considera que el peronismo necesita dejar atrás las internas y construir un acuerdo amplio. Y ahí aparece una figura que sigue siendo imposible de ignorar: Cristina Kirchner. El exministro entiende que cualquier armado peronista que pretenda ser competitivo necesita incorporar a todos los sectores con peso electoral. Eso incluye al kirchnerismo y, por lo tanto, a la expresidenta.

La idea no necesariamente implica que Cristina tenga que encabezar una boleta. El punto, según esta mirada, es evitar que el peronismo llegue dividido a una elección en la que el oficialismo buscará capitalizar cualquier fractura de la oposición.

En ese esquema, Massa intenta recuperar protagonismo sin exponerse demasiado. No necesita aparecer todos los días en televisión ni lanzar una candidatura para volver a ocupar un lugar central. Le alcanza, por ahora, con hablar con dirigentes, gobernadores y legisladores y volver a convertirse en un actor de peso en las negociaciones.

La votación del Senado dejó una señal concreta. El Gobierno puede imponer parte de su agenda, pero no tiene asegurados todos los votos cuando los bloques opositores consiguen coordinarse.

Y Massa parece haber entendido que ahí puede estar una de las claves de la próxima elección: construir una oposición que no se limite a rechazar a Milei, sino que pueda ofrecer una alternativa política capaz de disputar el poder.El desafío, claro, es enorme. El peronismo todavía arrastra internas, diferencias entre gobernadores y dirigentes nacionales y una discusión abierta sobre qué identidad política quiere construir después de la derrota electoral.

Pero mientras el Gobierno mira hacia 2027 y empieza a ordenar su propio frente, Massa vuelve a moverse. Esta vez, con bajo perfil, teléfono en mano y negociando en los lugares donde todavía conserva capacidad de influencia.

La pelea electoral todavía está lejos de empezar formalmente. Pero algunas de las piezas ya empezaron a moverse.

Deja un comentario